Sólo soy entre tus brazos

Que no me quiten tus abrazos.

Podrán quitarme todo, a saber:

los plazos caducados de mi cuerpo,

los sentimientos prescritos,

incluso los recuerdos que el olvido,

como madre generosa, venga a llevarse;

podrán borrar las horas más amargas,

hojas inútiles del calendario de mi vida,

las que dicen otorgan también sabiduría;

podrán llevarse todo mi patrimonio,

escaso, ya lo sabes, menos la gata,

Verita de mis días y mis noches.

Incluso aceptaría que se llevasen todos mis libros

si me dejan en tus brazos escribir uno nuevo;

nada saben de la alegría de escribirte,

del azul que yo pongo al pensarte,

cómo pinto los verbos que te nombran,

cómo calzo adjetivos para volar contigo.

No tengo nada si me pregunta Hacienda,

salvo tus brazos rodeándome,

lo siento, señores del Tesoro Impúblico,

mi insolvencia comienza con la A

y sólo a mí otorga beneficios.

Y si vienen los lobos de la noche

que no nos quiten los abrazos,

que se tumben como animales fieles y piadosos,

al pie de nuestra cama,

a esperar siempre un alba,

siempre un alba,

como tu abrazo.

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